Tarfaya's Blog

November 29, 2009

Tarfaya : Hommage à la musique de Cap Juby

Filed under: Uncategorized — tarfaya @ 11:24 pm

Culture saharienne, musique et aéropostale ont été à l’honneur lors du Festival international de Tarfaya, qui s’est déroulé du 30 septembre au 3 octobre. Cette première édition de ce festival s’est voulue un espace d’échange entre plusieurs cultures, et également une occasion pour la célébration des 80 ans de l’arrivée à cette ville d’Antoine de Saint Exupery, le chef de l’aéropostal, ainsi que le 25ème anniversaire du Rallye Toulouse et Saint-Luis du Sénégal. Cette manifestation est organisée par la wilaya de Laâyoune-Boujdour-Sakia El Hamra en coopération avec l’Agence pour la promotion et le développement économique et social des provinces du Sud, l’association Synergie Sakia El-Hamra et les héritiers du pilote écrivain français Antoine de Saint-Exupéry. Objectif : imprimer à Tarfaya, jadis appelée Cap Juby, une dimension culturelle et artistique internationale. Lors de la soirée d’ouverture de ce premier festival de la ville, les troupes folkloriques locales ont animé une superbe soirée près de la plage de Tarfaya. Cette première soirée a attiré une foule nombreuse. Selon les organisateurs, ces Nuits musicales sont avant tout une célébration de la ville par ses habitants. Le festival a, par ailleurs, été couronné par une représentation de l’Orchestre philharmonique du Maroc. Des expositions de produits d’artisanat local ont également été organisées en marge de ce festival, regroupant des habits traditionnels, des tapis, des objets en bois, des matériaux, ustensiles et autres outils essentiels dans la vie des gens du Sud, ainsi que des formes de décoration reflétant la richesse des coutumes et des us du patrimoine artisanal local.
Des tentes sahraouies traditionnelles reflétant les différentes facettes du vécu des populations locales, ont été dressées à cette occasion à proximité des monuments historiques de la ville de Tarfaya, dont l’ancienne forteresse de Casamar et la stèle de «Saint Exupery». Durant ces quatre jours, Tarfaya est ainsi devenu la destination privilégiée de nombreuses personnes, notamment les habitants de Laâyoune et les visiteurs venus des Iles Cannaris pour fêter Cap Juby. Le festival a également proposé des conférences, tables rondes, ainsi qu’une exposition de photos retraçant la mémoire et l’histoire de Tarfaya, ainsi qu’une exposition de photographies immortalisant des moments inoubliables de la Glorieuse Marche Verte, et une sélection de photos rappelant la visite de Feu SM Hassan II à Tarfaya en 1956.
La ville de Tarfaya entend par ailleurs commémorer, à travers ce festival, le 80ème anniversaire de la création de la ligne aéropostale reliant la ville française de Toulouse à l’Amérique Latine, en passant par Tarfaya autrefois appelée Cap Juby et Dakhla. C’est dans cette même ville que deux chefs-d’œuvre de la littérature française ont été écrits. Il s’agit du Courrier Sud et le Petit prince. Ce dernier a été traduit en 116 langues. Cette ville abrite d’ailleurs le musée Antoine de Saint-Exupéry, regroupant des documents, maquettes et autres objets qui retracent l’histoire de l’aéropostal et l’aventure des premiers hommes et pionniers de l’aviation civile à l’instar de Mermoz, Guillaumet et Saint-Exupéry.

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November 27, 2009

La línea a Tarfaya, en la cuerda floja; ABC 14-12-2007

Filed under: Uncategorized — tarfaya @ 1:39 am
LAS PALMAS/TARFAYA. El enfado estaba más que justificado. Un centenar de personas se quedaba este miércoles en tierra en Fuerteventura. El `Assalama´ estaba a menos de cincuenta metros, pero no pudieron pisarlo. El motivo: la lentitud con que se ejecutaron los controles de aduanas en el muelle de Puerto del Rosario para proceder al embarque de los pasajeros que habían comprado su billete para viajar a Tarfaya. Era el segundo viaje que el barco de la Naviera Armas iba a hacer, con pasajeros, hacia las costas africanas.
Los responsables de la compañía, por boca de Pedro Cano, su delegado en Fuerteventura, daban una solución a los pasajeros, la mayoría marroquíes y saharauis. En lugar de salir a la una y media del miércoles, lo harían a las seis de la mañana de ayer. Finalmente, así fue, y el barco abandonó el muelle a las siete y media. No en vano, el puerto no abre sus puertas hasta las seis de la mañana, aunque la compañía tanteó la posibilidad de que lo hicieran antes. No hubo forma. Los pasajeros que viajaban de otras islas, -la mayoría-, y los que tenían niños, pasaron la noche en hoteles, que en principio pagaría la Naviera Armas, aunque la empresa aclaraba que no eran de su responsabilidad.
Tras la salida de ayer jueves, que se pudo hacer con total normalidad, se informó que se suspenderían los viajes hasta que se dispusieran en el muelle los medios necesarios para poder realizar los controles con más agilidad. La suspensión, dijo Pedro Cano a este periódico, era «momentánea». Pocas horas después, el Cabildo majorero anunció que se había llegado a un acuerdo para garantizar el servicio a partir del domingo, pero variando los días de salida y llegada.
A partir de la semana próxima, en consecuencia, las salidas a Tarfaya serán por la mañana de los lunes, jueves y sábados, con tiempo suficiente para garantizar una operación eficiente, ya que las llegadas a Puerto del Rosario se producirán, en cada caso, 24 horas antes.
El arreglo llegó tras ponerse de acuerdo entre la empresa naviera, el Cabildo, los responsables de la Autoridad Portuaria y la Delegación del Gobierno. El servicio buscará cubrir la gran demanda de los pasajeros que en los próximos días salen hacia Marruecos y el Sahara para celebrar la Fiesta del Cordero.
Turistas y nuevas oportunidades Lo cierto es que queda muy poco ya para esa cita sagrada del Corán. En Tarfaya todos hablan de ella, del `Assalama´, de los turistas y de las oportunidades de negocio y de empleo que puede generar el nuevo tráfico de pasajeros que llega a esta localidad de cinco mil habitantes y que convierte a Fuerteventura en la tercera conexión vía marítima de España con Marruecos, tras las líneas que unen Almería con Nador y Algeciras y Tarifa con Tánger, al norte del reino alauita.
«La mayoría de inversiones canarias están en el sur de Marruecos -explica un español durante el viaje del lunes pasado- y para nosotros es más cómodo viajar a Tarfaya», justo en la frontera con el Sahara y sus Territorios, ocupados por el reino alauita desde que España firmara los Tripartitos de Madrid.
En Tarfaya es raro el que no da la bienvenida a la llegada de los turistas y del barco de la naviera. Eso sí, algunas familias de saharauis que habitan en esta zona ponen un pero: «Esperamos que la nueva conexión no favorezca las inversiones canarias y españolas en general en el Sahara Occidental, porque esto beneficiaría a un régimen que ocupa ilegalmente nuestras ciudades y tortura desde hace décadas a nuestra gente». Es la única pega que le ponen, aunque «la culpa de ello tampoco sería del barco», reflexionan.
En una pequeña pensión en Tarfaya -sólo hay dos en toda la ciudad y no juntan entre ambas veinte habitaciones-, el patrón sonríe y dice que la llegada de turistas y de inversores será algo positivo, porque ahora tendrán que adecuar los servicios a los que presta la competencia y eso «es bueno: a más gente, más dinero».
«¿Tardarán mucho en llegar?»
Los jóvenes, y sus padres, también ven las oportunidades que se les presentan. Fatimetu confía en que su hijo pueda conseguir un puesto de trabajo en alguno de los negocios que se abran en Tarfaya. «¿Crees que tardarán mucho en comenzar a construir hoteles o restaurantes?», pregunta.
Ali, su hijo, se apresura a contar que estuvo en Canarias -llegó en patera hace unos años y fue repatriado tras cumplir los 18 años- y que hizo un curso de hostelería. «¿Servirá?», pregunta también.
El hermano de Ali también estuvo en las Islas, en Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria, y hasta conoce a varios empresarios que han visitado Tarfaya en las últimas semanas. «Algunos se han interesado ya en comprar terrenos para levantar sus negocios», comenta.
«Una locura»
«Aquí hay muchas oportunidades de crecimiento, es indudable, en Canarias ya no nos queda casi suelo donde invertir, y lo que hay cada vez está más caro». Lo dice Antonio García Fernández, técnico de empresas turísticas e inversiones inmobiliarias. Es «una locura», y en esta zona «por el mismo precio se puede hacer el doble». García, sin embargo, considera que aún pueden mejorar las comunicaciones «dentro de Marruecos».
Aún así, «a pesar de que esto aún está por desarrollarse en muchos aspectos», no descartan contribuir al crecimiento de Tarfaya con la construcción de un hotel y con el negocio inmobiliario.
No son los únicos empresarios que han viajado esta semana a la pequeña localidad de Tarfaya y sus alrededores con la intención de explorar el terreno, ya que otro grupo, pero de jóvenes, desembarcó el lunes con sus motos para viajar hacia el norte y estudiar las posibilidades de montar una empresa de excursiones y rutas por el desierto.
En la ciudad de la ruta del correo Aéropostale entre la villa francesa de Tolosa y América Latina, Shaibata Sadat, presidente de la Asociación de Amigos de Tarfaya, trabaja por el desarrollo social y la protección del entorno de esta localidad. A través de su conversación, se desvelan las luces y sombras de los proyectos de los canarios en su tierra.
Dice que la línea de Armas «es una nueva esperanza en el plano económico para la ciudad, que se convertirá en un destino turístico con más hoteles y servicios».
Pero también ve el lado negativo de ese desarrollo. «Hay infraestructuras casi derruidas, como el antiguo cuartel español, el hospital y el cine, que si se reforman respetando la idea original pueden ser rentables sin hacer mucho daño a nuestro entorno, a nuestra historia; además, la arquitectura de estos edificios es realmente impresionante», subraya.
Sadat teme que algunos símbolos emblemáticos de Tarfaya, como la Casamar levantada durante la época del Imperio Británico, el edificio de la Administración de los Cien Soldados -«donde las tribus trabajaron con España desde 1906 hasta 1925»- o la pista de tierra que utilizaban los pilotos de la compañía francesa Aéropostale terminen desapareciendo.
«Este es un destino incluido en las rutas de la historia de la literatura mundial, un lugar con alma, de meditación. La apertura de nuestra ciudad al turismo podría terminar con todo esto de un plumazo, y nosotros, además, no queremos un turismo de masas», afirma.
El «problema», entiende, es que se quieren potenciar dos zonas turísticas, una en el norte y otra en el sur; y en el norte se concentra toda la fundación de la ciudad. «Si tiran abajo nuestro patrimonio, estarán insultando a nuestra memoria colectiva, lo más importante que tiene un pueblo, sin duda», explica en su despacho del museo a Antoine de Saint-Exupéry.
Tarima Marok, empresa mixta hispano marroquí que gestionará el puerto de Tarfaya durante 25 años y que tiene un proyecto para dinamizar la ciudad marroquí, «quiere hacer hoteles (diez mil camas turísticas) y distintos servicios; entre todas sus aspiraciones está la de crear un lago artificial, para lo que sería necesario tirar algunas de las infraestructuras de las que hablábamos antes», dice Sadat, que señala en un plano la zona «que está en peligro».
Sin embargo, se lamenta, las autoridades alauitas han dado el visto bueno al proyecto y la sociedad civil no tiene nada que hacer. El wali (gobernador) de la región se ha puesto de su lado, pero todavía no saben nada «y la última palabra la tiene Rabat».
Germán Blanco, de Tarima Marok, desmiente a este periódico que se vaya a derruir ningún símbolo de Tarfaya. «Precisamente, nuestra intención es mantenerlo todo, es su encanto y vamos a respetarlo íntegramente; puede que haya algún boceto en el que se incluyera alguna modificación de esos elementos, pero en absoluto fue el definitivo», sostiene.
Durante la hora que dura el encuentro con Sadat, la luz se ha ido y ha vuelto al menos seis o siete veces. «Por aquí no pasa la red nacional, tenemos dos generadores y siempre estamos así», se queja. Tampoco hay una buena canalización de agua, aunque trabajan ahora en ello y, cuando terminen, «tocará el asfaltado de las calles».
Un empresario saharaui que trabaja entre Tarfaya y Al Aaiun y que prefiere permanecer en el anonimato se lamenta de que las autoridades marroquíes siempre hayan dado la espalda a esta pequeña localidad. «Gracias a los españoles, a los canarios, se dinamizará la ciudad, se mejorarán las infraestructuras y se generarán más puestos de trabajo», dice convencido. Todos, también Sadat, dan la bienvenida a Armas y a Tarima, pero piden respeto por su entorno y por sus costumbres.
Erena Calvo

Tarfaya Cap Juby; Le Monde edition 8-12-2005

Filed under: Uncategorized — tarfaya @ 1:24 am

Tarfaya, anciennement Cap Juby, escale de l’Aéropostale et cadre de vie de Saint-Exupéry durant dix-huit mois, en est une autre. 185 kilomètres, indique la borne kilométrique au départ de Tan Tan Plage. Autrement dit, trois heures de route. En réalité, davantage.

D’arrêt en arrêt, l’estimation s’évanouit en effet dans les oueds peuplés de flamants roses, les dunes de sable et les eaux vert émeraude de la lagune de Naïla parsemée de colonies d’oiseaux. Falaises et longues plages nues s’intercalent, cahutes de pêcheurs, regroupées ou isolées, s’égrainent le long de la côte, à portée de voie et de parois tombant à pic dans l’océan.

Le désert aux étendues rêches qui leur fait face développe un autre territoire sans fin, rendu aux bruits de la circulation et parfois à ceux du vent.

Les campings cars, qui peuplent les aires panoramiques depuis Agadir, se raréfient. Camions et voitures n’en continuent pas moins leur va-et-vient. La route menant en Mauritanie, au Mali et au Sénégal depuis le Maroc est connue pour ses trafics en tout genre. Aucun bateau ne s’arrime le long de ce littoral ; la pauvreté balaie les rêves d’embarcation.

La pêche s’organise autrement, en bordure de falaise ou le long de murs écornés sur lesquels les pêcheurs prennent appui. Fragilité de l’assise. Les épaves de bateaux, échouées sur les plages, renvoient à d’autres tempêtes. Fascinantes carcasses rouillées dans ce champ désertique de sable léché par les vagues donnent figure de cité des mers ravagée par on ne sait quelle bataille. En ces latitudes, les tumultes et les courants contrariés et mortels de l’océan sont connus de ceux qui les fréquentent. Tarfaya s’annonce, îlot de maisons regroupées autour d’un minaret, voilée par un halo de brume.

A l’écart de la route courant vers Laayoune et Dakhla, l’ancien comptoir anglais puis espagnol a perdu de sa splendeur. Anciens cinémas et bâtiments officiels Art déco à l’abandon témoignent du passé riche et tumultueux de ce petit port de pêche cerné de sable et de dunes, connu autrefois sous le nom de Cap Juby. Mélancolie et langueur d’une ville oubliée, assignée à la pauvreté et au présent ombré d’une histoire dont on aimerait avoir connu quelques passages.

Pendant des siècles, Tarfaya fut un point de ravitaillement et de chargement des caravanes en provenance de Tombouctou et de Smara. Elle fut aussi une étape de la ligne Toulouse-Dakar de la Société d’aviation Latécoère. Lire l’histoire entre les murs… Parcourir alors la piste de l’ancien aérodrome au trait noir inscrit sur un parterre de sable doré, laisser de côté le bâtiment en ruine de Latécoère reconstruit pour les besoins d’un film sur Saint-Exupéry et passer (enfin) de l’autre côté de la dune, sur une plage blanche, candide et sans attente.

Christine Coste

November 26, 2009

Moroccan with a mission to transform his town, John Thorne, Foreign Correspondent

Filed under: Uncategorized — tarfaya @ 8:55 pm

TARFAYA, Morocco // NNovember 23. 2009 12:40AM UAE / November 22. 2009 8:40PM GMT http://www.thenational.ae

When he was a boy, falling masonry in a half-demolished church deprived Cheibata Mrebbi Rebbo of the better part of three fingers on his right hand, inspiring in him a deep sense of purpose.

“It was as if I lost them as a sign that I am the one to tell people that we must preserve our heritage,” said Mr Mrebbi Rebbo, 31, and since June a councillor in his home town of Tarfaya, in southern Morocco.

Tarfaya sits between the Sahara desert and the Atlantic, a collection of fisherman’s houses, cafes and the crenellated remains of a Spanish colonial fort. Mr Mrebbi Rebbo said he hoped plans to strengthen local government would help revive the town’s sputtering economy after years of neglect without sacrificing its historic character to the ravages of over-eager developers.

Those plans are part of Morocco’s quest to integrate Western Sahara, a former Spanish colony largely annexed in 1975 and still contested by the Polisario Front, an Algerian-backed independence movement. The two sides are in UN-led peace talks, with the Polisario demanding a long-delayed referendum on independence and Morocco proposing autonomy instead.

While Tarfaya lies just outside Western Sahara, it falls within the desert regions King Mohamed VI pledged this month to make a showcase of decentralisation and state investment.

For decades, state spending in the area has focused on Laâyoune, Western Sahara’s main city, bursting with shops, cafes and fast-multiplying cinder-block houses.

“But we can also have Tarfaya as a return to heritage, the cornerstone of the urbanisation of the Sahara,” said Mr Mrebbi Rebbo, sipping a miniature glass of tea in a side-street cafe.

According to legend, there were no buildings in the region until Donald MacKenzie, an eccentric Scottish merchant, dropped anchor at Tarfaya in 1879, opened a trading post and raised a small fortress on an islet offshore. Tarfaya fell into Spanish hands in 1916, and Mackenzie’s fortress became la casa del mar, or “the house of the sea” – known today as Casamar. Spain later added a pier and fortified settlement.

In 1927, the French Aéropostale airmail company appointed a new station chief to Tarfaya: a 27-year-old pilot with literary ambitions called Antoine de Saint-Exupéry.

The days were long and hot. At night Saint-Exupéry heard the Spanish sentries, alert for hostile nomads, crying the quarter-hours.

“And still we loved the desert,” he wrote in his memoir Terre des Hommes.

That desert inspired Saint-Exupéry’s tale of a downed pilot and an enigmatic space traveller called the Little Prince.

In 1958, Spain ceded Tarfaya to Morocco, a prelude to its withdrawal from Western Sahara in 1975. Mr Mrebbi Rebbo’s father acquired the colonel’s residence and the town cinema, one of a handful in the country.

“It was a meeting place for the town,” Mr Mrebbi Rebbo recalled. “Every night at eight the garden was full of people waiting for the show to begin.”

Then, in 1989, the government demolished many of Tarfaya’s historic buildings, including the church where Mr Mrebbi Rebbo lost his fingers and part of the Spanish fort, to make room for a municipality office. Casamar still stands like a sentinel, a gaping hole visible where waves have bitten off a corner.

In 1993, Mr Mrebbi Rebbo’s family lost their house, now demolished, while an exodus towards jobs in Laâyoune forced the cinema to close.

Five years ago he founded the Friends of Tarfaya Association. It has raised money to begin transforming the derelict cinema into a multi-purpose venue, and runs the small Musée Antoine de Saint-Exupéry.

Meanwhile, they have persuaded town planners to recognise 22 historic sites, and government engineers to conduct a study of Casamar they hope will lead to its restoration.

However, Tarfaya’s roughly 5,000 inhabitants still lack paving on most streets, sewers, adequate medical facilities and enough jobs, Mr Mrebbi Rebbo said. The government puts regional unemployment at 25 per cent, more than double the official national rate.

Mr Mrebbi Rebbo said he hopes that the expected appointment of a local governor with his own budget will improve living standards and help local businesses while also attracting foreign investors.

Striking that balance is crucial to preserving Tarfaya’s character, said Fatima Nazoumi, the vice treasurer of the Women’s Co-operative of Tarfaya for Traditional Crafts, headquartered off an old Spanish courtyard.

Reed mats line the floor where 25 women make bead necklaces, rugs and baskets woven with aquamarine fishing line after the local custom.

“If we could just export what we produce, people could make money from it,” Mrs Nazoumi said, fanning the charcoal beneath a hissing teapot. “But the important thing is to recover our heritage.”

Outside, four boys were watching the sunset from the end of the pier. Casamar became a silhouette and the houses on the shore turned pastel in the fading light.

“I want to see the old buildings saved and the sand swept from the streets,” said Ibrahim Khuja, 21. “I’m planning to spend my life here.”

Tarfaya is too small for the ambitions of Mr Khuja’s friend, Othman Taiqi, 18, an aspiring agronomist. “But I want to show it to my kids.”

Hello world!

Filed under: Uncategorized — tarfaya @ 3:06 pm

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